Parte 4: "Locura"
Te fuiste.
No lloré. Estaba completamente decidida en no desperdiciar ningún sentimiento ni emoción en ti. Hice lo que siempre se me dio bien en tiempos de problemas familiares, subir mi muro defensivo bien alto. Ojalá tuviese en ese momento la guardia de la noche para que me defendiese de los horrores que albergaba la noche porque volvieron las malditas pesadillas a invadir mi descanso nocturno.
Desde pequeña, hasta ahora en mi vida adulta, siempre he tenido que lidiar con terror nocturno. Pesadillas tan reales que me despertaba gritando. Con el tiempo mejoró y llegué a poder controlarlas un poco. Después de terapias extensivas debo admitir. Pero eso sería más adelante. Ahora me tocaba lidiar con todo esto yo sola. Eso era lo que yo creí necesario.
Mi orgullo nunca me permitió atribuir el mérito de la vuelta de mis temores a la bomba que nos soltaste. Te merecías mi indiferencia pero mi subconsciente reaccionaría de otra forma.
Mi muro, mi palacio de cristal mental, era mi refugio. Lo fue cuando insultabas a mamá al llegar borracho a casa y te dedicabas a humillarla con tus palabras. Lo era cuando menosprecias a mi hermana y a mi. Donde escondía mis lágrimas cuando decías que las personas fuertes no lloran.
Pero una vez más mi fiel compañero me protegería del mundo exterior. Ni que fuese hecho de adamantium me protegería de los ataques del exterior pero nunca me podría resguardar de mi propia mente. Lamentablemente, aprendería más tarde, que la mente de uno juega de formas incomprensibles y la locura temporal se manifiesta de varias formas.
Empecé a distanciarme de mis amigos y de las personas que me necesitaban a la vez de lidiar con las consecuencias del insomnio. Si cuando cierro mis ojos y me dejo llevar entraba en mundos desconocidos que me daban pavor era mejor no dormir. Así reaccionaba mi mente ante el peligro.
Empezó a pasar el tiempo. Sumida en mi propio mundo, pasando de todo lo que ocurría a mi alrededor. Tanto, que en vez de concentrarme en lo importante acabé por perderme a mi misma.
No cogía las llamadas que sonaban en mi teléfono, hasta que después de un tiempo dejó de sonar del completo. Comprensible, uno puede intentar tantas veces hasta desistir. Así que sin quererlo ni pensarlo corté lazos con varias personas, algunas que aún a día de hoy, lamento haber dejado ir. No era su culpa, ellos lo intentaron y yo me cerré en banda. Solo un par de ellos se quedan conmigo después de todo, son el padrino y la madrina de mi hijo hoy. No fui buena amiga, pero en este momento en el tiempo tampoco fui buena conmigo.
Dejé de ir a clase. ¿Para qué? Estudiaría entre mis 4 paredes protectoras y así no tendría que enfrentarme al mundo exterior ni a las personas que me encontraría. Eso, lamentablemente, funciona sólo un breve período de tiempo. Si lo extiendes demasiado olvidarás todo igualmente y no conseguirás volver al ritmo de estudio.
Según mi mente, todo iba bien. Yo estaba sola en mi burbuja y no dejaba entrar a nadie. Estaba a salvo. Videojuegos, libros, cualquier cosa que me ofrecía un consuelo y un método de no pensar, estaba en mi puerto seguro. Allí ni había problemas, ni dolor, ni necesidad de hablar con nadie. No era un ocio, era mi vía de escape.
Pero yo estaba convencida de que estaba bien. Todo era temporal, volvería a mi rutina normal cuando yo lo quería. Que equivocada llegas a poder estar cuando no ves el problema.
No lloré. Estaba completamente decidida en no desperdiciar ningún sentimiento ni emoción en ti. Hice lo que siempre se me dio bien en tiempos de problemas familiares, subir mi muro defensivo bien alto. Ojalá tuviese en ese momento la guardia de la noche para que me defendiese de los horrores que albergaba la noche porque volvieron las malditas pesadillas a invadir mi descanso nocturno.
Desde pequeña, hasta ahora en mi vida adulta, siempre he tenido que lidiar con terror nocturno. Pesadillas tan reales que me despertaba gritando. Con el tiempo mejoró y llegué a poder controlarlas un poco. Después de terapias extensivas debo admitir. Pero eso sería más adelante. Ahora me tocaba lidiar con todo esto yo sola. Eso era lo que yo creí necesario.
Mi orgullo nunca me permitió atribuir el mérito de la vuelta de mis temores a la bomba que nos soltaste. Te merecías mi indiferencia pero mi subconsciente reaccionaría de otra forma.
Mi muro, mi palacio de cristal mental, era mi refugio. Lo fue cuando insultabas a mamá al llegar borracho a casa y te dedicabas a humillarla con tus palabras. Lo era cuando menosprecias a mi hermana y a mi. Donde escondía mis lágrimas cuando decías que las personas fuertes no lloran.
Pero una vez más mi fiel compañero me protegería del mundo exterior. Ni que fuese hecho de adamantium me protegería de los ataques del exterior pero nunca me podría resguardar de mi propia mente. Lamentablemente, aprendería más tarde, que la mente de uno juega de formas incomprensibles y la locura temporal se manifiesta de varias formas.
Empecé a distanciarme de mis amigos y de las personas que me necesitaban a la vez de lidiar con las consecuencias del insomnio. Si cuando cierro mis ojos y me dejo llevar entraba en mundos desconocidos que me daban pavor era mejor no dormir. Así reaccionaba mi mente ante el peligro.
Empezó a pasar el tiempo. Sumida en mi propio mundo, pasando de todo lo que ocurría a mi alrededor. Tanto, que en vez de concentrarme en lo importante acabé por perderme a mi misma.
No cogía las llamadas que sonaban en mi teléfono, hasta que después de un tiempo dejó de sonar del completo. Comprensible, uno puede intentar tantas veces hasta desistir. Así que sin quererlo ni pensarlo corté lazos con varias personas, algunas que aún a día de hoy, lamento haber dejado ir. No era su culpa, ellos lo intentaron y yo me cerré en banda. Solo un par de ellos se quedan conmigo después de todo, son el padrino y la madrina de mi hijo hoy. No fui buena amiga, pero en este momento en el tiempo tampoco fui buena conmigo.
Dejé de ir a clase. ¿Para qué? Estudiaría entre mis 4 paredes protectoras y así no tendría que enfrentarme al mundo exterior ni a las personas que me encontraría. Eso, lamentablemente, funciona sólo un breve período de tiempo. Si lo extiendes demasiado olvidarás todo igualmente y no conseguirás volver al ritmo de estudio.
Según mi mente, todo iba bien. Yo estaba sola en mi burbuja y no dejaba entrar a nadie. Estaba a salvo. Videojuegos, libros, cualquier cosa que me ofrecía un consuelo y un método de no pensar, estaba en mi puerto seguro. Allí ni había problemas, ni dolor, ni necesidad de hablar con nadie. No era un ocio, era mi vía de escape.
Pero yo estaba convencida de que estaba bien. Todo era temporal, volvería a mi rutina normal cuando yo lo quería. Que equivocada llegas a poder estar cuando no ves el problema.
Comments
Post a Comment