Parte 3: "Pandora"

Los días siguientes a tu decisión pasaron como una película. Era como que todo sucedía a mi alrededor pero yo no era parte de ello. las imágenes se escondían bajo una niebla densa y no conseguía concentrarme en ellas.

Sabíamos que te estabas preparando para irte, pero no tenía ni pizca de ganas de despedirme, no porque estuviera triste de que te ibas pero porque la decepción en este momento era demasiado fuerte como para poder llegar a dirigirte la palabra. Al final aguante más de 9 meses sin hablarte. Recuerdo que llamabas pero ni te cogia el telefono, ni cuando me lo pasaba mi hermana. Soy increíblemente cabezota y en este momento, el enfado me pudo.


Si algo lamento de esos días es no haber estado ahí para mi madre. Ella necesitaba el apoyo y por los sentimientos encontrados de disgusto e incredulidad de la situación no me vi capaz de ser razonable y anteponer sus necesidades a las mías. No me importaba ser hija de padres divorciados, son cosas que pasan, a veces el amor no es suficiente. Pero esta situación, la forma en la que aconteció todo, tenía la sensación de que la caja de Pandora sólo se había destapado un poco y que nos esperaban muchas sorpresas que irían saliendo de ella.

Y así sucedió unos días antes de que te marcharas. El primer cadáver del armario salió a saludar.

Tu socio no se tomó muy bien tu repentina marcha. A él no le importaba que le habías puesto los cuernos a tu esposa ni nada por el estilo, además, él en incontables ocasiones te habrá ayudado a mentir e inventar excusas que contarle. Él era conocido por la gente por ser un playboy notorio. Diría pobrecita su mujer pero es adulta y al casarse con él sabía muy bien dónde se metía.

No, él estaba cabreado porque dejabas la empresa de un día a otro, persiguiendo el amor. Dejándolo a lidiar con las deudas y todo el embrollo pero al ser socio silencioso podías marcharte de un día para otro. Dejarías tus asuntos arreglados para protegerte a ti mismo y podrías ir a estar con ella.

Dejabas demasiados cabos sin atar y le dijiste que él ya se las arreglaría que tú te ibas. Escuchando esto supongo que su sangre comenzó a hervir de rabia y por eso hizo lo que hizo, aunque no sirviese de nada.

Cómo te llevabas el coche no había otra forma que ir en barco para salir de la isla. De ahí llegarías a la península, para encaminarte a tu destino. Un viaje de 3 días por mar y de unos 4 en coche por tierra. En avión tardarias solo 4 horas y media. Tenías los billetes comprados y las maletas hechas.

Mientras dormías en tu habitación de hotel, tu ex-socio estaba quitando las matrículas de tu coche. Después de hacer muchas llamadas te había encontrado. Convencido de no dejarte marchar de la isla y resolver vuestros asuntos pendientes. Después de tantos años trabajando juntos no le ibas a dejar lidiar solo con todos los problemas. Él pensó que si sólo podría retrasar tu viaje un poco más, no tendrías remedio que quedarte a hablar.

No sé cómo lo hiciste, ni qué fue lo que pasó la mañana siguiente, ni cómo solucionaste el tema de la falta de matrículas en el coche. Sinceramente tampoco me importa. El barco marchó a la hora indicada y tú estabas a bordo.

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